Juguemos A Que Nunca Dejé De Postear.
El caso es que estrellé mi auto estando alrededor de dos meses sin él porque el servicio de hojalateria y pintura otorgado por el seguro es, por mucho más, deficiente.
Y me hicieron dar vueltas y vueltas, llamar por teléfono una y otra vez, pedir, rogar, exigir y quejarme mil veces hasta que al final lo recibí de vuelta, con el retrovisor roto, sin las piezas originales y con un defecto en el sistema eléctrico que me obligó a regresar.
Resulta que en este país lo que uno necesita para poder obtener lo que por derecho le corresponde es la realización de diversos favores sexuales, tener a un padrino en el medio o en su defecto, extorsionar, sea con lisonjas baratas o regalos forzados al amable personaje que, no olvidemos, nos está haciendo el favor de hacer su trabajo aún cuando se le haya pagado por y para ello. Cabe aclarar tampoco está de más suplicar y tener siempre una cara agradable, para que te atiendan regular y no sea tan demorado.
Estúpidos hojalateros.
Pero seguro, segurísimo han de tener la necesidad algún día de mis servicios cuando su madre diabética se pare en mi consultorio aterrada por ignorar su estado general, con todo gusto me dirigiré cordialmente a ella diciendo: No se preocupe usted, Se?ora, está en buenas manos.
Etiquetas: autos, crítica al mundo exterior, quejas