Le llamé cuarenta y cinco veces a una amiga para salir al cine y a la cuarenta y seis compré una nieve doble de limón. Mi pie se hundió en uno de los charcos que la lluvia de hace rato había dejado así que patee un gatito que pasaba por ahí. Sonaba la obertura número 1 en C mayor de Johann Sebastian Bach cuando regresé a casa y había dejado la luz encendida. Tirado en el piso realicé ciento setenta y tres abdominales sin camisa hasta que el dolor me impidió continuar. Recibí un correo de mamá que no quise contestar y encendí un cigarro al pie de la ventana mientras contemplaba la desnudez de mi vecina, se percató y gui?ó. Me llamo Carlos Escalante, le dije, y tengo la necesidad de hacerte hoy el amor. Tocó el timbre y se atascó, corté la electricidad y la poseí a oscuras en el recibidor de la casa que rentaba. No pidió dinero pero amenazó con regresar en otra ocasión. Tomé un ba?o de agua caliente mientras fumaba el último cigarrillo y después vomité. Cené los restos de un churrasco que había ordenado el día anterior en un restaurante argentino de cierto renombre. Abrí seis latas de cerveza y bebí hasta quedar dormido. Esa noche so?é que tomaba vodka en un parque de diversiones con una doctora cuarentona del hospital donde laboro que me excita y es soltera. Después buscamos un hotel barato y mientras subíamos las escaleras yo tocaba su trasero. Desperté con ardor de garganta y la ventana abierta. Era domingo y aún faltaba mucho por hacer.
Veterano de guerra Harto de batallas Izo alto la bandera Vuelvo la mirada atrás Admiro mi pasado Mientras sigo en soledad Canto fuerte el himno De mis triunfos anhelados Pero ya no es suficiente Necesito más espacio Un ambiente diferente A veces considero Retirarme por un tiempo Dedicarme a los senderos Huir y nunca más Volver a conquistar Ahora cambio la página Quizá no volveré Tiro ya la toalla Devuelvo mis medallas Se acerca el final Entrego mis insignias La historia de mi vida En un suspiro Lejos se me va.